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La apicultura argentina, entre el éxito y la caída

 Mauricio Rabinovich
Ingeniero agrónomo del Laboratorio de Análisis Regional y Teledetección.
Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (UBA)
2/01/2004

El ingeniero agrónomo Mauricio Rabinovich, de la Facultad de Agronomía de la UBA, desgrana los pasos por los que transita un sector de la economía local que sabe estar en la cúspide mundial y a veces cae en desgracia por falta de una buena práctica de manejo

Casi en forma ininterrumpida desde 1997 nuestro país es el primer exportador de mieles y segundo/tercer productor mundial de este alimento. Un negocio del ámbito agroalimentario de 150 millones de dólares anuales. Las mieles que caracterizan a la Argentina son principalmente demandadas por la Unión Europea y Estados Unidos: mieles claras, de suaves sabores y aromas poco marcados, aptas para mejorar la calidad de "otras" mieles (mediante cortes o mezclas) de otros proveedores internacionales.

Hasta el presente, el producto nacional tiene una situación privilegiada dentro del contexto internacional en cuanto a concebir este tipo de miel de "Pampa" ya que no hay competidores con un volumen producido y un saldo exportable comparable al nuestro.
A pesar de esta importante ventaja comparativa, una frase repetida frecuentemente por los importadores asegura que las mieles argentinas son de muy buena calidad "a pesar del esfuerzo que ponen los apicultores argentinos en desmejorarla." Esta frase es plausible de ser interpretada de diferentes puntos de vista, pero el énfasis está puesto en la calidad.

Desde hace varios años el concepto de calidad dejó de ser un elemento estático (representado fundamentalmente por análisis fisico-químicos) dando lugar a una concepción dinámica: los demandantes pueden variar año a año lo que entienden por calidad plasmándolo en normas de comercialización.
Esta situación llega al productor en forma de condicionante comercial: ya no venderá lo que produce, venderá lo que produjo con una tecnología acorde a lo que el comprador quiere comprar. Es decir, sólo aquello que se ajusta a su concepto de calidad.

Un ejemplo de ello se vio reflejado en la suspensión de las compras de miel de origen chino (China: primer productor mundial, segundo exportador de miel) por parte de la U.E. a principios del año pasado. Esta medida luego fue adoptada por Estados Unidos. La causa de esta suspensión fue la presencia de un antibiótico (Cloranfenicol) prohibido desde 1995.
Por esta causa los pedidos de miel destinados a China fueron derivados a nuestro país repercutiendo en un aumento significativo en los precios al productor. Paralelamente la salida de la convertibilidad multiplicó, nuevamente, los ingresos provenientes de la venta de su producción. Un panorama sumamente alentador se avizoraba en la producción apícola nacional, a partir de ese momento, para los próximos años.

Esta "luna de miel" que el sector estaba disfrutando comenzó a estremecerse en Agosto/Setiembre del presente año: alertas sanitarios provenientes de la U.E. denunciaban la presencia del mismo antibiótico (Cloranfenicol) en mieles con origen en la Argentina. A medida que se intensificaron los controles sobre las mieles locales aparecieron residuos del otro de los únicos dos antibióticos prohibidos: Nitrofuranos.

Producto de una fuerte, profunda y arraigada incultura en el sector apícola, como es el uso de productos no autorizados para el tratamiento sanitario de las colmenas, resultaron éstos ser el origen de los residuos aparecidos en nuestras mieles.
De esta forma los productores que los utilizaron se convirtieron en el eslabón inicial de una cadena de co-responsabilidades que llevaron a una situación crítica al sector en su conjunto. El porcentaje de mieles analizadas y contaminadas resultó ser bastante más elevado que lo deseado y se prohibió su exportación: así, no se permitió más que los contenedores de miel se exportaran sin antes tener el debido control químico y se intensificaron los muestreos: antes se monitoreaba uno de cada 7 contenedores, ahora se inspecciona cada contenedor. Si no hay presencia de estos antibióticos, se permite la salida.

Por el contrario, los productores que desempeñan consciente y responsablemente el proceso de producción de este alimento, no observaron dificultades debido a la ausencia de sustancias peligrosas para la salud humana en sus mieles. Ésta es la miel que sigue teniendo buen precio y que responde a las expectativas demandadas por los compradores.
Ante este cuadro de situación tener óptima información tecnológica y ser un referente en la transferencia de conocimiento resulta esencial. La FAUBA, en una primera etapa, está abocada a la capacitación de actuales y nóveles productores para que estén condiciones de afrontar un proceso productivo que, evidentemente, tiene sus bemoles y responde a las exigencias de calidad que los mercados demandan.

¿Qué pasará con esta miel?

Como consecuencia de las medidas adoptadas por SENASA y la intensificación de los controles de calidad para detectar Cloranfenicol y Nitrofuranos, se interdictaron varias toneladas de miel cuyo resultado dieron positivo a estos residuos. Con este alimento-problema se procederá de la misma forma que lo hiciera oportunamente la Unión Europea: se lo destruirá. Así se considera el nivel de peligrosidad que representa esta miel contaminada para la salud humana.

Actualmente los resultados de los análisis mostraron un porcentaje de miel contaminada sensiblemente más bajo respecto de los iniciales. La causa de ello, tal vez, radique en que se están analizando las partidas antes de la conformación de los contenedores para la exportación por lo que, de esta forma, podríamos preguntarnos si así se tendería a "asegurar" la calidad de la carga para que el producto no sea interdictado.
Si esta fuese la causa de la "mejora" en los resultados de la miel de exportación, la pregunta obligada es: sorteada la posibilidad de ser interdictada por la autoridad competente, ¿cual será el destino final de la miel cuyo resultado dio positivo a los residuos de estos antibióticos?

Por el momento hay otras cuestiones sin respuesta en lo inmediato: ¿qué volumen de esta miel hay en el mercado interno? ¿Dónde está: dentro de un tambor de miel en un depósito o dentro de un frasco en una góndola? Y, sobre todo, queda otra pregunta más preocupante aún: se está analizando la calidad de la miel que se ofrece en el mercado interno?

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